Dorothee Sölle: Una teología de la muerte de Dios.

Reflexiones

Escrito por: Aete Perú

AETE es una institución peruana que se dedica a la formación bíblica teológica y pastoral de personas con liderazgo religioso en Latinoamérica que están comprometidas con la transformación social de nuestros países a partir de la fe y espiritualidad.

Categoría: Reflexiones

Fecha: enero 21, 2026

Posted On 13/01/2026By Juan Esteban Londoño In portadaTeología

Alguna vez escribió que “Dios no tiene más manos que las nuestras” para intervenir en el mundo. También dijo que “el Ser es el milagro original, la creación, el brote de la vida”.

Dorothee Sölle (1903-2003) es una figura luminosa de la teología alemana, porque combinó teología, poesía e intervención política, sin hacer mala poesía, sin dejar de lado la fe, buscando estar del lado sufriente de la historia. Aunque pocos académicos la tomaron en serio y nunca fue profesora de esta disciplina en alguna universidad de su país, muchos activistas de movimientos sociales encontraron en su voz una palabra aliada desde la mística. El paso del tiempo le ha dado un lugar en el pensamiento religioso y, junto a Jürgen Moltmann y Johann-Baptist Metz, Sölle levanta su copa de vino junto a los teólogos políticos.

Nació en Köln (Colonia), en una familia burguesa y protestante. Aunque distanciada de la Iglesia, sus padres protegieron a numerosos judíos en la época del nazismo. De joven, Dorothee fue intérprete de piano, estudió filosofía y filología clásica en su ciudad natal, al borde del Rin. Los estudios la llevaron a leer a Nietzsche, Heidegger y Kierkegaard, y a preguntarse por la angustia, el ser como sentido y la Nada como potencia luminosa. Las lecturas del escritor danés la incitaron a profundizar en su fe cristiana, en lo que este llamaba “el escándalo de la cruz”, y a adentrarse en un camino existencial que vio también como un compromiso político.

Como suele suceder en las universidades alemanas, Sölle combinó sus estudios de filosofía con teología y germanística en Freiburg y Göttingen. En sus estudios mantuvo un interés paralelo por la teología y la literatura, y llegó a escribir trabajos importantes para comprender el encuentro entre estos saberes. En 1971 se habilitó como profesora de la Facultad de Filosofía en la Universidad de Köln.

En su ensayo titulado Acerca de la relación entre Teología y literatura (Zum Verhältnis von Theologie und Literatur) Sölle dice buscar en la poesía las huellas del lenguaje religioso, o del sentido último. Se pregunta cómo la palabra literaria revela marcas de una búsqueda de sentido, antes de que esta indagación se convierta en dogma, o en teología como forma de sistema cerrado. Basada en la propuesta de Paul Tillich, busca en lo profano de las obras de arte trazos de lo divino. Por esto rastrea en autores como Kafka o Dostoyevski el grito como búsqueda, el absurdo como cuestionamiento ante el sentido, el conflicto entre la culpa y la gracia en un mundo amenazado por las garras de la técnica.

En una recepción abierta del pensamiento de Bonhoeffer, quien invita a dialogar con el mundo de forma no-religiosa, y con la filosofía de Nietzsche, para quien Dios como concepto metafísico y moralista ha muerto, Sölle habla de una “Teología de la muerte de Dios”. Si en la época de Lutero los creyentes se preguntaban por un Dios de gracia que liberase a las personas del peso de la ley, en los tiempos de Sölle la pregunta se transforma en la siguiente: ¿dónde está Dios en medio del sufrimiento humano?

En La Gaya ciencia, Nietzsche habla de un loco que, con una lámpara de mano encendida al mediodía, busca desesperadamente a Dios en una plaza de mercado, para descubrir con terror que los humanos lo han matado. Heidegger interpreta que la muerte de Dios en Nietzsche se refiere al fin de un ideal que juzga todos los valores de una cultura como absolutos (belleza, bondad, poder, valores), y a la ruptura con la diferencia entre un más allá y un más acá.

Sölle dice que el concepto de Dios ha muerto dentro de las iglesias y, de la mano de Nietzsche, piensa que estas no son más que las tumbas de la divinidad. Pero, dice la escritora, Dios vive en medio de las víctimas de la guerra, entre los desplazados y los oprimidos, y en las luchas por la liberación y la construcción de una sociedad más justa. Dios ha muerto en el lenguaje religioso –lo mató el lenguaje de la ciencia–, pero vive y habla en el lenguaje del arte, la poesía y la música.

Por esto acuñó Sölle el concepto de Teopoesía y publicó, además de textos de crítica teológica y literaria, obras de poesía y reflexiones personales en prosas de un alto rango estético.

Dorothee Sölle estuvo comprometida con los movimientos estudiantiles que combinaban las reflexiones sobre fe y la acción política. Fue cercana a la Teología de la Liberación latinoamericana, apoyó a las Comunidades de Base en Nicaragua y El Salvador, leyó con detenimiento casi místico El evangelio en Solentiname de Ernesto Cardenal, y luego escribió un Prólogo a este libro. La experiencia de los cristianos latinoamericanos la llevó a interesarse por la Biblia como obra literaria y fuente viva de crítica social. Y esto la incitó a trabajar con la exégeta Luise Schottroff sobre textos bíblicos y pedagógicos para generar transformaciones sociales en Europa y en el mundo. Además, se comprometió con el feminismo y luchó por la igualdad de género en la iglesia y la sociedad.

De las teologías feminista y de la liberación aprendió Sölle que la labor teológica no consiste en conocer la historia de los dogmas o en la exégesis considerada científica, sino en establecer un diálogo desde la fe con la realidad para encontrar a Dios en las grietas de la situación social, y proponer transformaciones significativas para que allí empiece a florecer la luz. Por esto su modo de entender la fe es considerado como el de un cristianismo místico y político. Así lo escribió en su autobiografía: “Toda palabra teológica debe ser también política”. No encerró la teología en una jaula para pájaros, sino que buscó ver al ave liberada en los aires del tiempo. Por esto participó en marchas y protestas tanto en Alemania como en Estados Unidos y Canadá, como cuando provocó un escándalo ante la burocracia religiosa del Consejo Ecuménico de Iglesias, hablando de un modo políticamente incorrecto ante el foro de los reunidos: “Yo hablo ante ustedes como una mujer que viene de uno de los países más ricos del mundo, de un país con una historia sangrienta que huele a gas putrefacto”.

El pensamiento de Sölle es una praxis encarnada. Su mayor aporte es, tal vez, la Oración política de la noche. Esta consiste en la contemplación comprometida con la situación nacional y mundial, siguiendo –al estilo alemán– la metodología de la Lectura Popular de la Biblia, proveniente de la teología de la liberación latinoamericana: Ver, Juzgar, Actuar. Los pasos que propone Sölle para esta liturgia, en medio de cantos, lectura de textos bíblicos y poemas, consiste, primero, en informar sobre los puntos esenciales de la situación política acerca de la que se quiere orar. Luego de esto se entra en un tiempo de meditación, silencio y lectura de textos literarios y religiosos acerca de la problemática. Y finalmente se realiza una acción combinada con oración –a veces incluso una discusión informada entre los presentes– guiada por la pregunta: ¿qué hacer frente a determinado escenario?

Bajo la influencia de Meister Eckhart, Sölle invita a las personas a vivir sin porqué ni para qué. Afirma que la contemplación de la belleza es una forma de detener la producción en masa y la única manera de frenar la competencia capitalista. No hacer, ver. No producir, escuchar.

A esta forma de vivenciar la espiritualidad, Sölle la llama una “mística de resistencia”. Cree que la fe debe comprometerse desde el hueso con la transformación de la realidad para rescatar al ser humano, aplastado bajo las máquinas y las balas, y a la naturaleza amenazada por la productividad explotadora y las bombas atómicas.

No hacer, ver. No producir, escuchar. Y, si es el caso de hacer y producir, se trata de comprometerse con los marginados y estar de su lado en las reivindicaciones de los aplastados por la historia.

0 comentarios

También te podría interesar…

El Buen Samaritano y la fe que se hace prójimo

El Buen Samaritano y la fe que se hace prójimo

Hna Adry OSC En el Evangelio, Jesús escoge cuidadosamente sus ejemplos. Y uno de los más escandalosos para su tiempo fue, sin duda, el del Buen Samaritano. No eligió a un sacerdote, ni a un maestro de la ley, ni a un creyente ejemplar según los parámetros religiosos....